Confesiones de un ejecutivo de la industria alimentaria

Quería compartir con vosotros una entrevista que me encontré esta semana a Bruce Bradley, antiguo ejecutivo de marketing en una gran empresa de alimentación. Asqueado de las artimañas de la industria, es ahora un promotor de la «comida real».

La entrevista original está aquí, la he traducido al español y he intercalado mis propios comentarios, que empiezan por {FR}. Creo que merece la pena ser conscientes de las estrategias de estas corporaciones para maximizar sus beneficios mientras destruyen nuestra salud.

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P: Siempre me sorprende no ver más productos realmente orgánicos y saludables en los supermercados. ¿Por qué es esto?

R: Todo tiene que ver con los beneficios. A pesar de la imagen pública de preocupación por la salud que intentan proyectar los grandes conglomerados, su principal preocupación es aumentar los beneficios económicos y cumplir las expectativas financieras de los accionistas. Utilizar productos de verdad naturales u orgánicos disminuye los beneficios, por eso prefieren engañar a los consumidores para que compren alternativas basadas en productos procesados, a las que asocian mensajes ligados con la salud.

P: ¿Por qué los productos procesados son mucho más rentables que la comida real?

R: Hay tres componentes básicos en el modelo de negocio de estas compañías. En primer lugar deben crear productos con bajo coste de fabricación y de larga duración. Para ello utilizan como materia prima cereales baratos subsidiados por el Gobierno, como trigo o maiz. Para transformar estos ingredientes básicos en algo deliciosamente adictivo, los equipos de desarrollo de productos ingenian fórmulas con la ayuda de endulzantes, sales, grasas vegetales, saborizantes, colorantes y otros estimulantes para nuestros sentidos… De vez en cuando utilizan algún producto natural, pero en cantidades pequeñas y principalmente para poder anunciar el producto como «saludable».

{FR} En general recomiendo no comer cereales, pero el trigo y el maíz son de los peores. Quizá el arroz y la quínoa son de los pocos que se salvan (de hecho técnicamente la quínoa no es un cereal, sino que pertenece a la familia de las quenopodiáceas, como las espinacas o la remolacha). Por qué el Gobierno sigue subsidiando la producción de alimentos dañinos a la salud, y promocionándolos como básicos en su nefasta Pirámide Alimentaria, es algo que no tiene explicación. 

El segundo componente es la creación de un entorno regulatorio favorable, donde las grandes corporaciones tienen bastante libertad para convencer a los consumidores de que sus «sucedáneos de comida» son saludables y divertidos. Aunque nos guste pensar que nuestro Gobierno nos protege, la cruda realidad es que las grandes corporaciones tienen mucho dinero, y esto les permite salirse con la suya.

{FR} En realidad hay muchas normas que intentan regular la industria, pero estas compañías saben cómo saltárselas. Por ejemplo la regulación les exige indicar la composición de un producto en el etiquetado (azúcares, grasas trans etc), para una porción. Pero como el tamaño de «la porción» la define la compañía, lo que hacen es fijar porciones muy pequeñas, como de 2 galletas, para que al mirar la etiqueta no parezca tan malo. Sin embargo el paquete trae 5 galletas, no 2, y saben que te lo vas a comer entero. 

El tercer componente aprovecha los dos anteriores, y consiste en lanzar millonarias campañas de publicidad para promocionar sus productos (que pueden costear fácilmente por la alta rentabilidad que obtienen), con mensajes engañosos que hacen creer a los consumidores que sus productos son saludables (lo cual pueden hacer por la deficiente regulación del Gobierno).

{FR} A la hora de regular, creo que el Gobierno lo tiene muy difícil, y siempre estará la discusión sobre lo que se debe prohibir y la libertad personal. Más que depender de las acciones del Gobierno, es fundamental que todos aprendamos a cuidarnos por nosotros mismos. Por poner otro ejemplo, el mayor gasto de Coca-Cola, con diferencia, es la publicidad, más 3.000 millones de dólares el año pasado, para convencernos de que tomar agua con azúcar y colorantes nos hará muy felices.

P: ¿Nos puedes dar un ejemplo?

R: Veamos el caso del helado de vainilla. El helado de vainilla «real» contiene ingredientes sencillos como crema de leche (o nata, según el país), leche, miel y vainilla. Pero para elaborar los helados que encontrarás en el supermercado recortan costes siempre que pueden, utilizando leche de vacas tratadas con hormonas de crecimiento y con una alimentación antinatural, basada en cereales en vez de pasto. Es frecuente reemplazar endulzantes naturales (como la miel) por jarabe de maíz de alta fructosa o azúcar de remolacha genéticamente modificada. Para reducir todavía más el coste, minimizan la cantidad de nata utilizada y la reemplazan con goma guar y carragenina (potencialmente tóxica). Y por supuesto la vainilla es muy rara vez vainilla real, es simplemente un saborizante.

Estas diferencias son dramáticas, pero invisibles para la mayoría de los consumidores. Las grandes corporaciones de la alimentación operan en un mundo con pocas restricciones o regulaciones reales. Hasta los consumidores más sofisticados piensan que consumen produtos de calidad por comprar las marcas más caras, gracias a los empaquetados glamurosos y la convincente publicidad.

P: ¿El enfoque comercial de las grandes corporaciones les da otras ventajas?

R: Sin duda. Hacen todo lo posible por resaltar la «comodidad» de consumir sus productos procesados. Atacan las mentes de los padres, convenciéndoles de que pueden preparar comidas de calidad para sus hijos con poco esfuerzo.

A los publicistas de estas compañías les encanta resaltar el papel de la madre ocupada y del padre distraído, y reforzar el mensaje de la comodidad de sus productos. Sé que los padres están increíblemente ocupados, pero las comidas procesadas son muy inferiores nutritivamente a la comida real cocinada en casa. Las comidas empaquetadas que nos venden son fáciles de preparar, pero generan obesidad y diabetes. ¿No merece algo mejor tu familia?

{FR} Es muy frecuente escuchar a los padres cosas como «deja que lo coma, no se va a morir». No soy dogmático y creo que la restricción excesiva es negativa. Pero como norma general, pienso que deberíamos apuntar un poco más alto que pensar «si no lo mata es bueno».  Anuncios como el de Actimel de Danone, un producto basura, son un ejemplo de esto. En vez de preparar un buen desayuno a tus hijos, les das un actimel (con jarabe de maíz, dextrosa etc), sus cereales de Kellog’s y al colegio!!.

P: ¿Qué cambios podemos hacer para arreglar nuestro sistema de alimentación?

R: Lo primero es entender las diferencias entre los pseudo-alimentos procesados, y la comida real.

El siguiente paso es aprender a cocinar. En los últimos 50 años hemos perdido buena parte de nuestras habilidades culinarias, y nos hemos vuelto dependientes de las comidas procesadas.

{FR} Yo siempre digo que si no sabes cocinar, las grandes corporaciones lo harán por ti, y eso no es una buena idea. De hecho mejorar mi desempeño en la cocina es uno de mis grandes objetivos para el 2013, no puedo seguir dependiendo tanto de mi esposa 🙂 

A medida que aprendemos, debemos compartir este conocimiento con nuestras familias y amigos. Esto no es fácil, la gran mayoría de las personas no ven nada malo con la comida procesada. Yo recomiendo tomar una actitud no de juez, sino de preocupación genuina.

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 {FR} Lo dicho, elimina los productos procesados de tu dieta, y estarás dando un gran paso para mejorar tu salud.

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