La falacia de la dieta mediterránea y la importancia del individuo

«Si llegamos al punto en el que estemos completamente seguros de lo que somos y de dónde venimos, habremos fallado» .- Carl Sagan

Esta cita del mítico científico Carl Sagan intentaba en su momento reconciliar las visiones opuestas entre los dogmas de fe demandados por la religión y la vanidosa certeza de aquellos que piensan que la ciencia tiene todas las respuestas.

Ambos tienen su explicación en la necesidad humana de evitar la incertidumbre, buscando seguridad en las doctrinas de la religión o los hallazgos de la ciencia.

Después de revisar miles de estudios durante muchos años, me parecen evidentes las lagunas de conocimiento que existen sobre el cuerpo humano. Pocas veces es fácil extraer con total confianza las aplicaciones prácticas de estos estudios. La increíble complejidad de nuestro cuerpo y las miles de variables en juego (individuales y del entorno) imposibilitan que podamos hablar con total seguridad sobre muchos aspectos de nuestra alimentación.

Pero quien vende certeza tiene más compradores que quien admite incertidumbres. Como suelo decir: «sigue al que busca la verdad, duda del que afirma haberla encontrado«. No tenemos todas las respuestas.

Es frecuente ver todo tipo de expertos hablando sobre la importancia de seguir la dieta mediterránea, ‘ya que está demostrado que es la mejor’. Esto lo dicen con una mezcla de dogma ciego y aire científico, sin ser conscientes de las limitaciones de los estudios y suposiciones que la sustentan (análisis). Esta actitud combina lo peor del dogma religioso y de la vanidad científica.

Comparto que la dieta mediterránea tiene muchos puntos a su favor, pero hay ámbitos donde es mejorable. Por otra parte, parece haber beneficios que se asocian a esta dieta que probablemente estén más relacionados con el estilo de vida que seguían algunos ‘mediterráneos’, y que en conjunto pueden ser muy relevantes, pero rara vez son mencionados.

Demos un paseo por el Mediterráneo…

El origen de la dieta mediterránea

A pesar de su popularidad, pocos saben que esta dieta se basa realmente en una idealización de la forma en la que se alimentaban tradicionalmente en Creta, tal como recogió  Leland G. Allbaugh en su informe «Crete: A Case Study of an Underdeveloped Area» (1953). Pero quien popularizó posteriormente esta dieta fue curiosamente el mayor defensor de las dietas bajas en grasa, Ancel Keys, quien introdujo también prácticas alimenticias de otros países y a quien debemos agradecer el estar inundados de absurdos ‘productos light‘.

El motivo por el que Creta generaba tanto interés a Keys era el bajo nivel de enfermedad cardiovascular de su población, con sólo 9 muertes por cada 10.000 habitantes (cada 10 años). La media del resto de países del Mediterráneo era 184.

El primer elemento destacable por tanto es que la dieta mediterránea no existe en realidad. Es simplemente una combinación de elementos adoptados de varios países, con niveles muy diferentes de enfermedad cardiovascular (aunque en general muy inferior a la que existía en aquel momento en Estados Unidos).

A pesar de esto, muchos países del mediterráneo la han tomado como propia, y es motivo de orgullo nacional. En 2010 fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por los Gobiernos de España, Grecia, Italia y Marruecos, que como todo el mundo sabe, llevan la misma alimentación mediterránea, ¿o no?

El problema de fondo es que cuando idealizamos un tipo de alimentación en base a factores aislados, le damos premios y bombo mediático, no hacemos más que fortalecer un dogma que simplemente no invita cuestionamientos.

La reflexión debería ser si los habitantes de Creta de los años 40 (y otros países en mayor o menor medida) tenían tan buena salud principalmente por seguir esta alimentación o había otros muchos factores que jugaban un papel relevante.

También debemos preguntarnos si la visión de Keys representaba fielmente la realidad o si se centró en los elementos individuales que mejor respaldaban su teoría, cayendo, conscientemente o no, en el sesgo de confirmación.

Lo que pocos saben de la dieta mediterránea

La importancia del ayuno

La inmensa mayoría de habitantes de Creta en ese momento pertenecían a la Iglesia Ortodoxa, donde el ayuno periódico es una práctica obligatoria.

Un estudio de 120 habitantes de Creta, en el que 60 practicaban el ayuno y los otros 60 no, revela mejoras de salud más importantes en aquellos que realizaban ayunos.

Casi todas las religiones contemplan períodos de ayuno. Aunque muchos lo ven simplemente como dogma religioso, la ciencia actual indica que quizá es más bien un tipo de inteligencia ancestral, que otorgaba una ventaja evolutiva a aquellos que la practicaban.

¿Es posible que algunos de los beneficios de la dieta mediterránea vengan de los ayunos y que la recomendación moderna de las 5 comidas al día no tenga mucho sentido?

La importancia de las grasas naturales

Los expertos suelen referirse a la dieta mediterránea como beneficiosa para el corazón a pesar de ser relativamente alta en grasa respecto a otras recomendadas precisamente para reducir el colesterol.

Pero…¿es posible que sea beneficiosa para el corazón gracias a (y no a pesar de) ese mayor contenido en grasa?

Este estudio por ejemplo concluye que la salud cardiovascular mejora al aumentar el contenido de grasa de la dieta mediterránea (aceite de oliva o frutos secos) y empeora al reducirlo.

Dudo mucho que en Creta le quitaran la grasa a la carne, como nos proponen hoy día, ni que consumieran margarina en vez de mantequilla (como demuestra uno de sus productos tradicionales, staka, que utiliza como base mantequilla de cabra, con toda su grasa).

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Cara de abuela griega cuando dietistas le recomiendan usar margarina porque es baja en grasas animales

Vegetales por encima de cereales

Revisando el detalle de la alimentación de la isla de Creta (libro) también sabemos que consumían muchas más verduras y fruta que cereales y legumbres (46% vs 30%). Y podemos estar seguros de que los cereales que comían eran muy diferentes a los productos industriales y refinados que encontramos hoy en el supermercado.

A pesar de esto, los cereales sin distinción terminaron siendo la base de la pirámide que nos recomiendan.

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La importancia de la vitamina D

Cada vez tenemos más información sobre los beneficios del sol y la vitamina D, así como su impacto en enfermedades coronarias, cáncer, depresión… (estudioestudioestudioestudioestudio ,libro). También existen estudios que asocian la latitud (otra forma de decir probabilidad de exposición al sol según la geografía) con diferentes patologías, entre ellas la enfermedad cardiovascular. Este estudio propone que la mayor exposición al sol de los países del mediterráneo es probablemente el principal factor de confusión en las menores tasas de enfermedad coronaria de los países del mediterráneo.

Es imposible determinar la importancia de este factor respecto a otros (como dieta y actividad física), pero todo apunta a que juega un papel relevante y rara vez es considerado.

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Base científica

Ciertamente existen muchos estudios sobre la dieta mediterránea, y suele erigirse (justamente) como claro vencedor ante dietas bajas en grasa como las recomendadas por la American Heart Association.

Sin embargo hay pocos estudios controlados que permitan comparar la dieta mediterránea con enfoques ancestrales tipo Paleo por ejemplo, pero los que hay, parecen indicar que la dieta mediterránea es mejorable.

Este estudio concluye que una dieta paleolítica es superior a la hora de mejorar la tolerancia a la glucosa en individuos con enfermedad cardiovascular, aparte de ser más efectiva en la pérdida de grasa visceral. Otra interpretación del estudio resalta la mayor saciedad de la dieta paleo.

Al igual que ocurre con la mediterránea, un reciente estudio revela el mejor resultado de la dieta paleolítica (más alta en grasas, incluyendo saturadas) frente a dietas recomendadas para diabéticos (bajas en grasa) en múltiples indicadores de riesgo cardiovascular.

No pretendo decir que la Paleo sea mejor que la mediterránea en todos los casos y para todas las personas, pero seguir creyendo a pies juntillas el dogma de la dieta mediterránea apuntando a la evidencia científica refleja poca capacidad de análisis (o falta de rigor, o de interés).

La dieta mediterránea, como hoy nos la venden, es mejorable, y la ciencia nos está dando información práctica sobre cómo hacerlo (pero sin duda siguen existiendo incógnitas).

De la misma manera, defender un enfoque Paleo puro sin cuestionamiento es igual de dogmático. Al igual que si hablamos de Weston Price, quien proponía una alimentación basada en sus observaciones de poblaciones ancestrales de todo el mundo. Y a pesar de hacerlo con más criterio, objetividad e información que la empleada para defender la dieta mediterránea, no deja de ser un punto de partida, nunca el final de nuestra búsqueda.

La importancia del individuo

Y en esta búsqueda, la experiencia y genética de cada uno es tan importante como cualquier estudio científico. A pesar de nuestras similitudes, tenemos diferencias:

  • Algunas personas toleran mejor los lácteos que otras, en función por ejemplo de sus niveles de enzima lactasa, controlada por el gen LCT.
  • Algunas personas tienen más tolerancia a las grasas que otras, dependiendo por ejemplo de su genotipo apoE (estudio).
  • Algunos individuos pueden tolerar más almidón de tubérculos y cereales que otros, dependiendo del número de copias que posean del gen AMY1, encargado de la producción de amilasa (estudio).
  • El apetito de ciertas personas, y su riesgo de desarrollar síndrome metabólico y diabetes depende en parte de una variante del gen FTO (estudio).
  • Y un largo etcétera de diferencias individuales (más sobre tus genes).

Sobre las ‘Paradojas’

Francia era considerada una ‘anomalía’ cuando se popularizó esta dieta. A pesar de su costa mediterránea, los franceses tenían una alimentación mucho más alta en grasa saturada que otros países (oh là là,  j’adore le foie gras), y sin embargo también tenían tasas bajas de enfermedad cardiovascular. Pero en vez de cuestionar la teoría de la grasa saturada y aceptar que hay incertidumbre, lo llamamos «paradoja francesa» y nos olvidamos del tema, «No dejemos que la realidad interfiera con un buen dogma«.

Lo mismo ocurre cuando estudios (como el denominado ‘Saturated fat prevents coronary artery disease? An American paradox‘)  contradicen la idea de que las grasas saturadas perjudican la salud cardiovascular.

Si empecé citando a Carl Sagan, termino con las palabras de otro de los grandes científicos del siglo XX, Richard Feynman, que apelaba a nuestro pensamiento crítico cuando nos recordaba que «…una paradoja no es un conflicto con la realidad, sino un conflicto entre la realidad y lo que pensamos que la realidad debería ser«.

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