«El peligro de la inteligencia artificial es que los humanos dejen de pensar» – Gerd Leonhard
Durante casi toda la historia de la humanidad, para sobrevivir necesitábamos movernos con frecuencia e intensidad.
En los dos últimos siglos, sin embargo, las máquinas fueron reemplazando a nuestros músculos. La energía del vapor, la gasolina y la electricidad terminó desplazando a la energía muscular.
La actividad física pasó a ser opcional, y esto disparó las tasas de obesidad. Multitud de estudios demuestran que el sedentarismo destruye nuestras capacidades físicas y daña nuestra salud.
Sin embargo, las demandas sobre nuestro cerebro fueron en aumento. Los trabajos se hicieron cada vez más complejos cognitivamente y nos obligaban a procesar mucha más información.
Pero la IA está cambiando esta tendencia de manera radical.
Y el resultado puede ser un peligroso sedentarismo cognitivo.
Sedentarismo Cognitivo
Hasta ahora podíamos acceder a toda la información disponible en Internet, pero era información creada por otros humanos.
Seguíamos siendo nosotros quienes debíamos buscarla, leerla, interpretarla y, finalmente, construir nuevo conocimiento a partir de ese proceso.
Y todo esto suponía mucho esfuerzo para nuestro cerebro.
Ahora, con la inteligencia artificial, es fácil externalizar ese trabajo. Podemos pedirle a la IA el resultado final que deseamos y ella se encargará de realizar todo lo anterior, en cuestión de segundos.
Explorará millones de fuentes de información, las sintetizará según nuestras instrucciones y nos presentará el resultado de manera estructurada.
Nuestro cerebro debe seguir trabajando, por supuesto, pero mucho menos.
Gran parte del esfuerzo cognitivo que realizaba antes el cerebro es ahora externalizado a un centro de datos, donde reside el cerebro de la IA.
E igual que el sedentarismo físico atrofió nuestros músculos, el nuevo sedentarismo cognitivo podría atrofiar nuestra mente.
Nuestros músculos crecen al enfrentar resistencia física, y nuestras capacidades cognitivas mejoran también al enfrentar obstáculos mentales.
Aunque es todavía muy pronto para sacar conclusiones firmes, algunos expertos opinan que la delegación excesiva en la IA podría afectar de manera negativa el pensamiento crítico, la creatividad y la capacidad analítica (detalle).
La paradoja es que, a medida que las máquinas adquieren cualidades más humanas, los humanos nos vamos pareciendo más a las máquinas.
De desplegar un gran arsenal mental para hacer un informe o un artículo sobre un tema, pasamos a hacer un par de preguntas a la IA y seguimos sus instrucciones sin cuestionar las respuestas.
La inteligencia artificial podría aumentar nuestra estupidez natural.
Pero, a pesar de todos los peligros de estas tecnologías, no podemos ignorar sus potenciales beneficios.
La IA nos hace mucho más productivos y eficientes. Nos permite hacer más en menos tiempo.
Y, bien usada, no solo no dañará nuestro cerebro, sino que lo potenciará.
Alianza cerebro-tecnología
Depender en exceso de esta nueva tecnología puede hacernos caer en la pasividad mental.
Una forma de evitarlo es obligándonos a hacer un esfuerzo previo antes de recurrir a la inteligencia artificial.
Por ejemplo, si tienes que escribir un artículo sobre un tema, haz primero el esfuerzo de crear un borrador propio, y pásaselo después a la IA para que te proponga mejoras o formas de complementarlo.
Esto es mejor que usar la IA para producir ese primer borrador, por muchos motivos.
Para empezar, el propio proceso de escribir nos permite aclarar nuestras ideas.
El acto de organizar pensamientos y estructurar un texto de manera coherente es una habilidad cognitiva esencial. Al externalizar este proceso corremos el riesgo de atrofiar nuestras capacidades de razonamiento y creatividad.
Además, escribir primero sin ayuda de la IA expone las lagunas en nuestro conocimiento, lo que desencadena una investigación más profunda y una mayor reflexión.
Cuando recurrimos a la IA para complementar o mejorar un trabajo ya hecho, actuamos como participantes activos, y no como simples consumidores pasivos de información generada por un algoritmo.
Este enfoque también promueve el aprendizaje activo, permitiéndonos identificar y corregir errores por nosotros mismos.
Usar la IA como una herramienta para mejorar, en lugar de sustituir el esfuerzo inicial, fomenta el desarrollo de habilidades metacognitivas, es decir, ser capaces de evaluar nuestras propias estrategias de aprendizaje y razonamiento.
En conclusión, la clave para evitar caer en el sedentarismo cognitivo es equilibrar el uso de la IA con el esfuerzo mental propio.
Al hacer el trabajo inicial nosotros mismos, no solo conservamos nuestra agudeza mental, sino que convertimos a la IA en una poderosa aliada para mejorar nuestras ideas y proyectos, sin renunciar al control creativo y analítico sobre el proceso.
La IA es también una gran compañera de aprendizaje. Podemos pedirle que nos diseñe un plan para aprender una nueva habilidad y que nos proponga distintos tests según nuestro nivel.
Sabemos que para aprender de manera eficaz deben cumplirse dos principios: esfuerzo cognitivo y retroalimentación rápida.
Tareas que impliquen esfuerzo, como intentar recordar algo estudiado, potencian mucho más el aprendizaje que simplemente repasar el material (más detalle).
Pero tendemos a hacer lo segundo porque repasar es fácil, mientras que recordar es difícil.
Además, no solemos contar con formas sencillas de hacernos las preguntas que nos obliguen a recordar. Y aquí es donde brilla la inteligencia artificial.
Podemos pedirle que nos haga preguntas sobre cualquier materia, y que evalúe nuestras respuestas.
Existe, además, una tasa óptima de aciertos, que los expertos llaman la regla del 85% (detalle).
Si nuestra tasa de aciertos es mucho más baja, significa que el nivel de las preguntas es demasiado elevado, y si es mucho más alta, significa que las preguntas son demasiado sencillas. En ambos casos no estamos optimizando el aprendizaje.
Pues bien, podemos usar la IA para ajustar el nivel de dificultad de las preguntas que nos realiza, y así acercarnos lo más posible a la tasa de aciertos que optimiza la retención de conocimiento.
Por último, la IA es también muy útil para simular distintos escenarios y proponer debates que exploren múltiples perspectivas sobre un tema. Esto nos permitirá desarrollar nuestro pensamiento crítico y desarrollar una mente más flexible.
La clave está en que, aunque la IA pueda darte respuestas, nunca dejes de hacerte preguntas.
Aprende a usar la IA
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