La pirámide alimentaria evolutiva

Una de las cosas que me animó a escribir este blog es el nivel de ‘desinformación‘ que existe en torno a la salud. Gran parte de esta desinformación es promovida por los millones de dólares de marketing que invierten las empresas de alimentación para vender sus productos.

A este problema se suma que los propios gobiernos siguen basando sus recomendaciones sobre nutrición en ciencia errónea y anticuada, así como en decisiones por consenso (que incluye los intereses económicos de los diferentes grupos).

Un buen ejemplo de esto es la pirámide alimentaria oficial, que sitúa en la base de la pirámide (los alimentos que supuestamente más se deberían consumir), a los cereales como pan y pasta. Ya he explicado anteriormente por qué esta pirámide oficial es tremendamente dañina para tu salud, y mucha gente me ha preguntado al respecto.

Dándole vueltas, se me ha ocurrido una forma más lógica de explicar lo que deberíamos comer, y tiene que ver con el tiempo que nuestro cuerpo ha tenido para acostumbrarse a cada tipo de alimento.

El resumen sería algo como lo siguiente:

En negrita, muestro el número de años, aproximadamente, que nuestra especie lleva comiendo esos alimentos, lo cual es un buen indicador de nuestro grado de adaptación a los mismos, y por tanto de su impacto (positivo o negativo) en nuestra salud. Dentro de la línea de tiempo, en blanco, muestro el porcentaje aproximado de nuestra existencia que consumimos esos alimentos.

De una manera muy simplista, pero útil, podemos definir tres grandes etapas en nuestra historia (y alimentación asociada):

Etapa 1: Cazadores-Recolectores

Hay cierta discusión entre los antropólogos sobre cuando nos podemos considerar ‘hombres’; algunos piensan que desde que nos ‘separamos’ de los primates, hace más de 5 millones de años, nuestra genética ha evolucionado poco.

Otros, y es lo comúnmente aceptado, hablan de 2,5 millones de años, a partir de cuando las especies se consideran ‘Homo‘, siendo el ‘Homo sapiens‘, o sea, nosotros, los únicos representantes actuales.  Durante este tiempo (vamos a poner 1-2 millones de años por simplificar) nuestro cuerpo ha ido evolucionando muy lentamente, adaptándose a los alimentos disponibles.

Y los alimentos disponibles durante esta época eran los animales que cazábamos/pescábamos, los vegetales/frutas que crecían de manera salvaje en la naturaleza, huevos de aves, algún tubérculo y alguna otra delicatessen como raíces o insectos (muy nutritivos).

Etapa 2 – Agricultores/Ganaderos

Hace 8.000-10.000 años, el hombre aprendió a controlar algunas plantas; esto dio lugar a la revolución de la agricultura, y con ella empezó el consumo de cereales en cantidades significantes.

Por la misma época, aprendimos también a domesticar animales, lo que nos dio acceso a nuevos alimentos, como la leche y sus derivados. Algunos especulan que el hombre podría haber tomado leche de animales salvajes antes de esta época, pero sinceramente suena poco probable. Crees que un animal salvaje como el de la foto dejaría que alguien se le acercara para estirarle las … ?? Hmm, si algún loco lo hizo, quizá sí tomamos leche antes de la agricultura, pero debió ser en cantidades muy pequeñas.

En cualquier caso, el punto que quiero transmitir es que llevamos menos de 10.000 años consumiendo cereales y leche, lo que representa menos de un 1% de nuestro tiempo en la tierra; por eso la capacidad que tenemos de procesar estos alimentos es limitada, y depende en gran medida de tu línea evolutiva. Por ejemplo las poblaciones asiáticas son en gran medida intolerantes a la lactosa (el «azúcar» de la leche), y el número de celíacos (intolerantes al glúten de los cereales) también varía mucho por región, pero es significativo en todas las poblaciones.

Esto no quiere decir que eliminemos necesariamente estos alimentos, pero es razonable pensar que no deberían representar una gran parte de nuestra alimentación.

Más información sobre los cereales

Etapa 3 – Trabajadores

Con la revolución industrial, la gente empieza a abandonar los campos y a trabajar para otros; es decir, nos convertimos en ‘trabajadores’, inicialmente en fábricas y poco a poco en empresas de infinitas naturalezas.

Los avances tecnológicos de la revolución industrial permiten procesar los alimentos y producirlos en grandes cantidades.

Por poner un ejemplo, existen indicios de que hace miles de años se producían pequeñas cantidades de azúcar a partir de la caña. Pero es desde la revolución industrial que se masifica la producción de azúcar refinada y su consumo empieza a aumentar exponencialmente.

Antes, para tomar el equivalente de azúcar de una Coca-Cola tenías que pasar varios días masticando caña de azúcar. Hoy te la puedes tomar en 5 minutos.

Curiosamente, en las últimas décadas el consumo de azúcar por persona ha disminuido, pero no porque nos hayamos vuelto más saludables, sino porque durante los años 70 se popularizó el jarabe de maíz de alta fructosa, mucho más dulce que el azúcar y más barato de producir, por lo que empezó a sustituir al azúcar en gran parte de los productos procesados (como la coca-cola). Lamentablemente su impacto sobre la salud es probablemente peor que el del azúcar.

A partir de la revolución industrial, se masificó también la producción de harina refinada, principalmente de trigo. Al eliminar las vitaminas, minerales y el resto de nutrientes, la harina resultante tiene una vida mucho mayor, lo cual es muy beneficioso para los productores de alimentos que utilizan harina, pero no para tu salud.

La mayor parte de la harina que se consume hoy día es refinada; incluso la que venden como harina integral, en la mayoría de las ocasiones es harina blanca que han ‘enriquecido’ posteriormente añadiéndole parte de lo que le quitaron, principalmente el salvado. Mira los ingredientes de tu pan integral; si pone algo como: ‘harina de trigo’, ‘salvado de trigo’… no es realmente pan integral. Y si es  pan de molde todavía peor.

Es decir, los cereales en si ya son alimentos cuestionables para la dieta humana en muchos casos, y desde la revolucion industrial se han ido procesando aun más para hacerlos más baratos de producir/distribuir, pero todavía menos saludables.

Lo mismo pasa con la leche. Si bien en su estado natural, asumiendo que tu cuerpo sea capaz de digerirla, es un buen alimento si estás bien adaptado a ella, todos los procesos actuales de pasteurización/homogenización etc disminuyen su valor nutritivo, como explico en este artículo.

Resumiendo…

Podríamos definir tres grandes etapas en la alimentación humana:

  1. Nuestro periodo de cazadores-recolectores, donde nos alimentábamos principalmente de la caza/pesca y los vegetales y frutas salvajes que encontrábamos. Esta fue nuestra alimentación durante el 99% de nuestro tiempo en la tierra!
  2. Nuestro período de agricultores/ganaderos, donde nos alimentábamos principalmente de cereales, vegetales/frutas y de productos animales (generalmente domesticados). Esta etapa representa menos de un 1% de nuestra evolución, lo cual explica la dificultad de gran parte de la población para asimilar ‘nuevos’ alimentos como los cereales o la leche.
  3. Nuestro período de ‘trabajadores’, donde nuestra alimentación está en manos de las grandes corporaciones, que empezaron a surgir a partir de la revolución industrial con técnicas cada vez más sofisticadas para producir alimentación de manera masiva. En términos proporcionales, los nuevos alimentos producidos en esta época han estado con nosotros durante unas pocas generaciones, menos de un 0,0001% de nuestro tiempo en la tierra, por eso nuestro cuerpo tiene problemas al enfrentar muchos de estos ‘inventos’ recientes como las harinas refinadas, las carnes procesadas, las grasas hidrogenadas, el jarabe de maíz etc etc (y de ahí el peligro que representan para nuestra salud).
Lo curioso es que con cada nueva ‘revolución’ (de la agricultura primero e industrial después), nuestra salud ha empeorado, y el factor principal es la alimentación (tampoco ayuda que tengamos cada vez menos actividad física, pero ese es otro tema):
  • Los antropólogos saben que nuestros antepasados cazadores-recolectores eran más altos, con huesos más fuertes y con menos caries que nuestros antepasados agricultores, estando separados únicamente por unos pocos de miles de años (nada en términos evolutivos). La revolución agrícola también redujo nuestra esperanza de vida.
  • Y no hace falta ser antropólogo para darse cuenta de que nuestra salud es mucho peor que la de los agricultores de hace unos pocos cientos de años, donde enfermedades coronarias, diabetes, obesidad etc eran prácticamente inexistentes, incluso en los pocos que llegaban a edades avanzadas.
  • Si quieres tener una salud de hierro, asegúrate que la mayor parte de tu alimentación es similar a la de un cazador-recolector, con cantidades moderadas de lácteos y cereales, y eliminando idealmente los productos procesados.

Ciertamente, cada nueva ‘revolución’ ha permitido que dediquemos menos tiempo a buscar/producir alimentos y más tiempo al resto de actividades que nos han hecho mejorar en muchos otros sentidos como especie, por ejemplo en avances de la medicina gracias a los cuales nuestra esperanza de vida es mucho mayor que hace cientos de años (desde luego no es por una mejor alimentación).

Es fundamental conocer nuestra evolución como especie para entender cómo alimentarnos. La mayoría de los nutricionistas hablan del hombre como si hubiera aparecido de repente, rodeado de todos estos alimentos, e intentan explicar qué debemos comer. Si entendemos cómo evolucionamos, lo que tenemos que comer se ve mucho más claro, y saltan a la vista las mentiras de la industria alimentaria y la poca efectividad de los gobiernos.

Obviamente no existe una única alimentación ancestral, y la disponibilidad de alimentos determinaba en gran medida lo que comían nuestros antepasados, pero lo que es común a todos ellos es lo que no comían, y ahí radica la clave de una alimentación saludable.

 

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