Cómo resistir el canto de las sirenas – sin autocontrol no hay fitness

‘Puedo resistirlo todo, menos la tentación’.- Oscar Wilde

Cualquier cosa que merezca la pena en la vida requiere disciplina, autocontrol. Y en el ámbito de la salud (perder peso, estar en forma….) esta necesidad es todavía mayor. La industria alimentaria lleva décadas reclutando las mentes más brillantes (científicos para inventar productos adictivos y expertos en márketing para hacernos creer que no podemos vivir sin esos productos) y pagándoles millones para que caigamos en la tentación, para que consumamos sus productos, cuanto más mejor (parte de su conspiración). Nuestro cerebro evolucionó en un entorno en el que las tentaciones eran mucho menores, y por tanto no está preparado para la estimulación excesiva a la que se ve sometido en la sociedad actual.

Siempre me interesó mucho el tema del autocontrol; ¿por qué unas personas son capaces de resistir la tentación y otras no? ¿Por qué unas personas valoran más un beneficio futuro (como la salud) versus un beneficio inmediato (el placer de fumar un cigarrillo o comer un pastel o ponerse a ver la televisión) y otras se ciegan con el incentivo a corto plazo sin pensar en el bien mayor futuro que resultará de controlar sus impulsos?

Hay muchas opiniones al respecto, unos consideran que es parte de la composición innata del cerebro ( y que por tanto nacemos con una capacidad de autocontrol prefijada), mientras que otros opinan que es una habilidad ‘aprendible’, y que al igual que otras se puede desarrollar. Según la ciencia la realidad es una  mezcla de ambas. Nuestro cerebro viene de serie con una capacidad base de autocontrol, pero modificable en algún grado al desarrollar técnicas y práctica.

Un experimento muy interesante realizado con niños de 4-5 años consiste en sentarlos en una mesa, ponerles un caramelo delante y decirles que se lo pueden comer, pero que si esperan 15 minutos a que regrese el adulto (dejan al niño solo en la habitación) le darán dos caramelos. Es decir, el niño tiene que decidir si comerse un caramelo inmediatamente o comerse dos caramelos 15 minutos después. Lo interesante es que este estudio se realizó inicialmente hace varias décadas, y muchos años después se encontró que había una relación directa entre la capacidad de autocontrol de los niños a tan corta edad y cómo les había ido en la vida 30 años después, en términos económicos, de salud, bienestar etc. Es más, estos estudios indican que la capacidad de autocontrol es un mejor indicador del ‘éxito’ futuro de los niños que otras variables (que también se midieron) como la inteligencia o la presencia física. Otro aspecto relevante del estudio es que muchos niños ‘aprendieron’ a no depender sólo de su capacidad de autocontrol, sino que se apoyaban en ‘técnicas’ que les permitían soportar la tentación, como evitar mirar el caramelo,  cantar en voz alta etc.  Aquí está un resumen (con buenas recomendaciones para los que seáis padres):

Esta lucha permanente entre lo que nos apetece hacer y lo que sabemos que debemos hacer ha sido una constante en la humanidad. Quizá uno de los primeros registros de esta batalla, y una recomendación para ganarla, se encuentra en la Odisea de Homero (siglo VIII antes de Cristo!!). Homero narra como Ulises, regresando con su tripulación de la guerra de Troya, debía navegar al lado de una isla rodeada de rocas y habitada por Sirenas cuyos cantos eran irresistibles para los hombres. Muchos marineros habían muerto al ser destrozados sus barcos contra las rocas al intentar llegar a la isla atraídos por los cantos de las sirenas. Ulises, consciente de esto, pero deseoso de experimentar las dulces voces, y sabiendo que su autocontrol le fallaría, ordenó a su tripulación que le atara al mástil mientras pasaban al lado de la isla. A  sus hombres les ordenó que se taparan sus oídos con cera, y si él les solicitaba que lo desataran mientras bordeaban la isla, deberían atarlo más fuerte. Ulises, al escuchar los cantos de las sirenas, señalaba a su tripulación que por favor lo desataran, que navegaran hacia la isla, que tenía que conocer el origen de tan bello canto. Pero sus hombres, obedientes y sin poder escuchar los cantos por la cera en sus oídos, lo ataron más fuerte, hasta que se alejaron de la isla y la tentación había desaparecido.

En resumen, asumamos que el nivel de autocontrol que tenemos cada uno está fijado (es irrelevante si nacimos con él o lo adquirimos), pero igual que Ulises o los niños tentados con el caramelo, podemos aplicar técnicas para evitar depender únicamente de nuestra disciplina. Podemos modificar nuestro entorno para lograr nuestros objetivos a largo plazo y no caer en las tentaciones inmediatas. Hace poco leía el caso de una mujer, que consciente de su poca capacidad de autocontrol adoptó una serie de técnicas (su equivalente a atarse al mástil) que le permitieron bajar de peso.

Si quieres conocer esas técnicas y profundizar más en estos aspectos, lee este artículo.

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