Vuelta a la Naturaleza

Reconectar con ciertos estímulos naturales (luz, frío, calor, altura, suciedad…) te ayudará a mejorar tu salud.

Nuestros genes están mejor adaptados a combatir la penuria que a enfrentar la abundancia

Paolo Rossi

Nuestro cuerpo se forjó en la adversidad. Cada día era una nueva batalla por la supervivencia. En nuestra lucha constante contra los elementos aprendimos a crear capas de protección. Nos cubríamos con pieles y nos refugiábamos en cavernas. Usábamos el fuego para cocinar y protegernos del frío.

En un entorno salvaje, buscar comodidad y placer es una buena estrategia. Tu cerebro no entrega placer gratuitamente, lo usa para recompensar comportamientos que favorecen la supervivencia y reproducción en un entorno natural.

El placer de la comida era por ejemplo la recompensa al esfuerzo requerido para conseguirla. El entorno moderno ha roto este vínculo ancestral. Ahora podemos obtener placer sin sacrificio, y el resultado es un profundo desequilibrio.

Las tecnologías que desarrollamos para estar más cómodos nos hacen más débiles. Las mismas herramientas que nos dan más control sobre la naturaleza nos hacen perder control sobre nuestro propio cuerpo. Ahora estamos cómodos únicamente en un estrecho rango térmico y subir escaleras supone un gran esfuerzo.

La búsqueda constante de la comodidad y el placer influye directamente en las principales causas de mortalidad. Por primera vez en nuestra historia mucha más gente muere por comer demasiado que por no comer suficiente, y muchas más muertes se deben al sedentarismo que al agotamiento físico. La comida industrial es hoy más destructiva que el armamento militar, y las sillas son más letales que los peores criminales.

Nuestra biología no está adaptada a vivir en un estado constante de abundancia y comodidad. Requiere ciertos desafíos para prosperar.

No se trata de estar incómodos, sino de aumentar nuestra tolerancia a las pequeñas adversidades de la vida, evitando que la tecnología atrofie nuestra anatomía. La forma de lograrlo es a través de la hormesis.

El concepto de hormesis se refiere a que una pequeña dosis de un estrés aparentemente negativo puede elevar nuestra tolerancia a él, haciéndonos más fuertes.

La ausencia de estresores horméticos en el mundo moderno nos debilita, favoreciendo la enfermedad. La siguiente ilustración resume los tipos de desafíos que recomiendo introducir en nuestra vida, empezando poco a poco.

En los artículos que enlazo encontrarás más detalle sobre cada uno de ellos:

  1. Ayuno intermitente.
  2. Exposición al sol.
  3. Ejercicio intenso.
  4. Exposición al frío.
  5. Sauna o exposición al calor.
  6. Donar sangre.
  7. Exposición a suciedad natural.

Y muy relacionado con esto, recomiendo hacer también ayunos de dopamina de vez en cuando.

Estímulos naturales

Por otro lado, existen estímulos naturales, de menor intensidad, que nos benefician por vías distintas a la hormesis. De ellos, estos son mis favoritos.

Los detallo en los siguientes artículos:

  1. Movimiento a baja intensidad (caminar).
  2. Ritmos circadianos (reconectar con los ciclos naturales de luz y oscuridad).
  3. Comida real (libro).
  4. Caminar descalzo.
  5. Contacto social.
  6. Earthing y Baño de bosque.

Si quieres profundizar en esta filosofía general, echa un vistazo a mi libro Salud Salvaje.

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