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Por qué la comida ha perdido sabor y qué ocurre cuando dejas a los niños comer lo que quieran

Hasta hace unas décadas, lo único que sabía a fresa era una fresa. Ahora las estanterías del supermercado están repletas de productos que imitan su sabor, desde yogures bebibles a galletas infantiles, desde barritas de cereales a golosinas de animales.

¿Cuántas fresas se utilizan para saborizar estos productos? En la mayoría de casos, ninguna. Es todo un gran engaño químico.

Dondeestalafresa

Añadir sabor artificialmente puede parecer algo inocente, pero encierra quizá una de las claves de la obesidad creciente.

Comer no es un acto racional de adquisición de nutrientes. Comemos por placer. Estamos programados genéticamente para buscar sabor.

Existe la idea de que todo lo que sabe bien nos sienta mal. Evolutivamente es una idea absurda. La realidad es justo la contraria: lo que sabía bien nos hacía  bien. El sabor es el lenguaje de los alimentos, nos da información sobre su capacidad de nutrición.

La estrategia para prosperar en la naturaleza es sencilla: come lo que más te guste.

Y ahora viene el problema. Dos cambios en las últimas décadas han desorientado completamente nuestro sentido natural del gusto:

  1. La comida real ha perdido sabor.
  2. La comida procesada ha ganado sabor.

Hoy analizamos estas dos corrientes y vemos algunas recomendaciones para mejorar la salud sin renunciar al sabor. Pero antes, exploremos por qué el sabor es el mejor nutricionista.

¿Podemos fiarnos de nuestro gusto?

Nuestro sentido del gusto es un radar finamente calibrado para indicarnos cuáles son los alimentos que debemos ingerir y cuáles evitar (detalle, estudioestudio).

El sabor es el resultado de una compleja interacción entre nuestro cerebro, nuestro sentido del gusto, nuestro olfato y las capacidades sensoriales de nuestro propio intestino (estudio, libro).

Algunos creen que fiarse del gusto es rudimentario, cuando tenemos a tantos investigadores calculando las cantidades diarias recomendadas de calorías y micronutrientes.

Pero es un error ignorar la enorme inteligencia nutricional que albergan nuestros genes. Tras millones de años interactuando con nuestro entorno, nos hemos convertido en estrategas químicos, especialistas en descifrar el lenguaje del sabor. Veamos algunos ejemplos.

Muchos marineros con escorbuto sentían el impulso de comer hierba fresca y fruta en cuanto tocaban tierra (detalle). Milagrosamente se curaban en pocos días. Gracias a esta observación se empezaron a llevar limones a bordo, evitando el escorbuto en alta mar. Mucho antes de que se descubriera la vitamina C nuestro cuerpo sabía que la necesitaba y dónde encontrarla.

No buscamos únicamente calorías, sino nutrientes concretos. Los nutrientes esenciales tienen sabores especiales. Esto garantiza una ingesta adecuada. Distinguimos los sabores de aminoácidos, ácidos grasos y minerales (estudio, estudio, estudio), y su atracción varía según nuestro estado de nutrición.

Según este estudio, más de 20 componentes que contribuyen al sabor del tomate proceden de nutrientes esenciales. Lo que hace al tomate beneficioso es lo mismo que lo hace delicioso. Si tu tomate no sabe a nada, probablemente tampoco aporte mucha nutrición. Como indica el estudio, el sabor es un buen indicador de su valor nutricional.

¿Qué ocurre si dejas a los niños comer lo que quieran?

Quizá el mejor ejemplo de inteligencia nutricional innata viene de un antiguo estudio con niños que acababan de dejar la leche materna. Durante 6 años se les dejó comer lo que quisieran, en cualquier cantidad. Nunca habían estado expuestos a comidas procesadas ni habían visto comer a los adultos, para evitar comportamientos por imitación. Podían elegir entre 34 alimentos.

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Después de 6 años comiendo libremente, su salud era excelente. Todos crecieron adecuadamente y no había ningún caso de sobrepeso. Uno de los médicos supervisores los describió en un artículo del Journal of Pediatrics como “Los mejores especímenes desde un punto de vista físico que conocía entre niños de esa edad“.

Algunos datos interesantes del estudio:

  • Los niños no elegían lo más dulce, sino lo que su cuerpo necesitaba en cada momento. Comían más proteína en los años de mayor crecimiento, y más grasa o carbohidrato en los momentos de mayor actividad física.
  • No desayunaban leche con cereales. Cito literalmente del estudio: “Aunque cada dieta era diferente, todas incluían múltiples alimentos, y en ninguna predominaban los cereales y la leche, a pesar de ser lo que se considera apropiado hoy“. Es decir, la leche con cereales no es una combinación natural, sino el resultado de un marketing brutal, que ha convertido al desayuno en la peor comida del día.
  • Eran creativos. Hacían mezclas “extrañas” pero nutritivas: un niño desayunaba hígado con jugo de naranja, otro cenaba huevos con plátano y leche.
  • Sabían usar la comida como medicina. Durante un brote de mononucleosis comieron más hígado, zanahoria y remolacha. Uno de los niños sufría raquitismo (deficiencia de vitamina D) al inicio del estudio. De manera voluntaria tomó aceite de hígado de bacalao, hasta que se curó. Una vez curado, dejó de tomarlo.

Por un lado, este comportamiento es sorprendente. Por otro, es totalmente coherente. Sería una desventaja evolutiva para cualquier especie carecer de mecanismos precisos (como el sabor) que guíen a la mejor nutrición.

El estudio es de los años 30, pero ya intuían cosas que hoy todavía se les escapan a muchos especialistas. Así es como los investigadores explican el resultado: “El truco (si le podemos llamar así) está en la lista de alimentos. Sin ningún producto procesado, reproducimos en gran medida las condiciones bajo las que viven muchas poblaciones primitivas alrededor del mundo, que siguen dietas hoy validadas por la ciencia y con excelentes aportes nutritivos“.

Es un estudio fascinante, pero con limitaciones importantes: No había grupo de control ni un buen manejo estadístico de las más de 30.000 comidas registradas.

Por motivos éticos sería imposible plantear un estudio similar hoy. Para validar sus conclusiones debemos analizar estudios con animales y, curiosamente, arrojan datos similares:

  • Las ovejas  seleccionan plantas con más contenido en los minerales donde son más deficientes (estudio).
  • Los monos prefieren las partes de las plantas con más nutrientes (estudio).
  • Ante una infección, el gusto de los animales cambia para buscar alimentos que contengan defensas naturales contra el invasor (estudio, estudio, estudio). Los animales saben automedicarse (detalle).
  • Los animales en libertad seleccionan una dieta variada, para ingerir todos los nutrientes necesarios y evitar toxicidad por cualquiera de ellos (estudio, estudio, estudio).
  • Los pájaros priorizan alimentos con mayor contenido en flavonoides (estudio).
  • Los terneros cubren mejor sus necesidades nutricionales individuales cuando les dan opciones en vez de un pienso convencional único (estudio).
  • Muchos animales comen arcilla o tierra (geofagia) después de ingerir plantas con toxinas. La arcilla absorbe parte de estas toxinas y facilita la digestión (estudiodetalle). Este comportamiento también se aprecia en sociedades humanas, siendo especialmente practicado por mujeres embarazadas. Toxinas inofensivas para un adulto pueden ser letales para un feto. De hecho muchas mujeres experimentan cambios importantes en su sentido del gusto durante el embarazo (estudio, estudio).

Conclusión: ningún animal necesita guías nutricionales en la naturaleza. Los humanos tampoco.

Si el sabor ha sido nuestra guía ancestral de nutrición, ¿por qué hoy es nuestra perdición? La razón es que se está perdiendo la relación entre sabor y nutrición.

La crisis del sabor (y los nutrientes)

Quedarse sin comida ha sido un miedo recurrente de la humanidad. En 1798 Malthus pronosticó que la población crecería mucho más rápido que la producción de alimentos. En menos de un siglo, según sus cálculos, no habría suficientes alimentos para todos, y se produciría la llamada catástrofe maltusiana.

catastrofemaltusiana

Fuente: https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=15063889

Como casi siempre, los catastrofistas se equivocaron. Hoy producimos mucha más comida de la que podemos consumir. Cada vez menos gente muere de hambre a pesar del aumento de la población.

Pero el crecimiento espectacular de la cantidad ha tenido un precio: peor calidad.

La búsqueda y manipulación de las distintas variedades se ha realizado en base a criterios comerciales: rendimiento, tamaño, resistencia a plagas, facilidad de transporte, duración y belleza en las estanterías. El sabor y la nutrición no eran factores relevantes. Importaba más la estética que la dietética. Tomates perfectos que no saben a nada.

Lo que ganamos en calorías lo perdimos en nutrición. Los alimentos de hoy son más pobres que los de nuestros abuelos. Tienen más tamaño pero menos sabor. Y como vimos, el sabor está relacionado con la nutrición.

Múltiples estudios (como esteeste o este) reflejan pérdida de nutrientes en las últimas décadas para la mayoría de alimentos analizados: menos proteína, calcio, potasio, hierro, riboflavina o vitamina C. Los tomates tienen la mitad de calcio y vitamina A. Y lo mismo podemos decir de cereales como el trigo, cada vez menos nutritivo (estudio, estudio).

nutrientestrigo

En los años 60 se popularizó el trigo enano. Tiene un rendimiento mucho mayor pero menos nutrientes y más gluten

Biológicamente hay una relación inversa entre rendimiento y nutrición (detalle). Las variedades salvajes de alimentos tienen más polifenoles y antioxidantes que las cultivadas (estudio, estudio, estudio, estudio).

¿Con qué reemplazamos los nutrientes perdidos? Básicamente con agua y almidón. El carbohidrato y azúcar adicional compensa la pérdida de sabor real (nos engañan con el dulce), pero si nuestro cuerpo no detecta suficientes nutrientes no calmará el hambre.

Todo esto genera dos problemas:

  1. Necesitamos más calorías para obtener los mismos nutrientes. Sabemos que existe relación entre obesidad y deficiencia de micronutrientes (estudio, estudio) y que añadir nutrientes combate el sobrepeso (estudio, estudio).
  2. Estamos cableados para buscar sabor. Si la comida real lo pierde, lo buscamos en otra parte: en la comida procesada.

La comida procesada ha ganado sabor

Hace pocos siglos aprendimos a refinar y aislar algunos de los compuestos que más nos atraen de los alimentos, como el azúcar. Pero esto fue solo el principio.

El verdadero problema empezó en los años 60. Tecnologías como la  cromatografía permitían identificar los misteriosos componentes químicos responsables del sabor y el aroma de los alimentos. Una vez identificados, los empezamos a añadir a todo tipo de productos procesados.

El sabor pasó de las manos de la naturaleza a las manos del equipo de marketing de las grandes empresas. La relación natural entre sabor y nutrición se destruyó.

El sabor es la lengua materna de la naturaleza, es como los alimentos nos comunican su valor. Pero la comida procesada nos miente:

  • El sabor fresa en la naturaleza te lleva a una excelente mezcla de vitaminas, minerales, antioxidantes, polifenoles, fibra y un poco de azúcar. Sin hablar de miles de compuestos químicos identificados cuyo efecto en la salud aun desconocemos.
  • El sabor fresa en el supermercado te lleva a las barritas Kellogg’s All-Bran (y similares), una desastrosa combinación de azúcar, harina, aceites vegetales, vitaminas sintéticas y aditivos.

Más de 60 ingredientes, y ni una sola fresa

La ciencia del sabor es muy compleja. El sabor umami nos atrae porque en la naturaleza aparece asociado a aminoácidos esenciales. La industria lo simula con glutamato monosódico. Antioxidantes como el glutatión aportan su propio sabor, llamado kokumi (detalle), también copiado en el laboratorio.

En resumen, tomamos los sabores que están desapareciendo en la naturaleza y los añadimos en la fábrica. Los sabores que se han perdido en la zona de frutas y verduras se encuentran ahora añadidos en los pasillos de productos procesados. Pero hay una diferencia: la pérdida de sabor en la naturaleza refleja pérdida de nutrición. Añadir sabor artificial no mejora el valor nutricional.

En este entorno, nuestro finamente calibrado sentido del sabor no encuentra más que confusión.

Recomendaciones 

Antes de pasar a las recomendaciones finales, resumo las ideas principales:

  1. Estamos programados genéticamente para buscar sabor.
  2. En la naturaleza hay una íntima relación entre nutrición y sabor.
  3. Los alimentos procesados destruyen esta relación, creando una enorme confusión en nuestro sistema.
  4. En las últimas décadas ha habido una pérdida paulatina de sabor en los alimentos frescos, haciendo todavía más atractivos los productos procesados.

Ninguna recomendación oficial hace mención al sabor, el motivo principal por el que comemos. Pero cualquier dieta que no aporte sabor terminará en decepción y será descartada.

La solución a esta triste situación involucra tanto a productores como consumidores, las dos caras de la misma moneda.

El modelo de producción debe considerar el sabor y la nutrición a la hora de seleccionar nuevas variedades de frutas, verduras y animales. Las prácticas intensivas actuales degradan además la calidad del suelo, reduciendo el valor del alimento. No se trata necesariamente de volver a las semillas de siempre. Podemos usar la tecnología para arreglar lo que la tecnología ha estropeado. Es un debate interesante que dejamos para otro día.

Pero a nivel individual, como consumidor, hay muchas cosas que puedes empezar a hacer ya para mejorar tu salud:

  • Deja el sabor en manos de la naturaleza. Prioriza la comida real de la mejor calidad que puedas permitirte. Reduce el consumo de potenciadores de sabor, aromas, saborizantes y colorantes.
  • Elige alimentos con más densidad nutricional. En el caso de vegetales, por ejemplo, la arúgula (o rúcula) es mucho más nutritiva que la lechuga (al ser más parecida a su versión salvaje). En El Plan Revolucionario usamos la densidad nutricional como uno de los criterios en la selección de los mejores alimentos.
  • Compra proteínas animales de calidad. Nos hemos centrado en alimentos vegetales, pero aplica exactamente lo mismo a animales. Las vacas alimentadas con pasto generan carne y lácteos más nutritivos.
  • Rehabilita tu paladar. Si comes con frecuencia comida procesada, tu sentido del sabor no es fiable (estudio). Debes reeducarlo poco a poco. Con el tiempo te acostumbrarás a tomar el café sin azúcar (o con muy poca), te encantará el chocolate 90% y la fruta te parecerá el mejor postre. Lleva tiempo pero merece la pena. Un buen paladar es una inversión en tu salud de largo plazo.
  • Ayuda a tus hijos. El sabor empieza a formarse en el útero. Lo que come la madre durante el embarazo condiciona los gustos del bebé cuando sea adulto (estudio, estudio).
  • Si necesitas un poco de dulzor, selecciona bien la fuente.
  • Añade especias a tu comida, aportan sabor con nutrición.

Si te interesa la ciencia del sabor y su relación con la nutrición, te recomiendo tres libros interesantes:

Recuperar los sabores de verdad puede ser la clave para derrotar la obesidad.

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78 Comments

  • Reply Luismi septiembre 10, 2016 at 1:38 pm

    Muy bueno el artículo, Marcos. Pero supongo que luego habrá que tener en cuenta cada alimento individualmente. No porque sea natural tiene que ser bueno para ti. Por ejemplo, he leído que el pomelo que tiene mucha vitamina C puede estimular los estrógenos que sería algo negativo.

    • Reply Marcos - Fitness Revolucionario septiembre 10, 2016 at 2:53 pm

      Gracias Luismi. El tema no es que sea natural, sino que lo hayamos comido durante cientos de miles de años y nos sepa bien. Si cumple estos criterios, es bueno. Dicho esto, por supuesto que en el “mundo moderno” hay que considerar muchas otras cosas, pero tampoco pasa nada por comer un par de pomelos. Si tomas un litro de zumo de pomelo es otra cosa, y volvemos al tema de la “comida real”

    • Reply Daniel Páez junio 3, 2017 at 4:04 pm

      Me gustaria que crearaa una opcion para compartir el link del articulo por whatsapp, asi compartiria cada articulo sin tanta tragedia

  • Reply Isaac septiembre 10, 2016 at 1:52 pm

    Tengo una duda; como comentabas, el sabor es indicador de qué el alimento te conviene o no. Mi duda es, las verduras “potentes” como me gusta llamarlas (broccoli, espinaca por ejemplo), tienen un sabor que es poco agradable para mi, suelo comerlas junto con carne, pescado, huevo etc. para que se “disimule” el sabor, no obstante cuando me como mi broccoli, me siento genial, digestión más suave y no se, es como la sensación de “esto me va bien”. El que me siente bien pero me sepa mal, puede llegar hasta el punto de ser un “efecto placebo”, o simplemente después de estar comiendo mierdas azucaradas hasta hace poco, mi sentido del gusto está atrofiado y confundido? saludos!

    • Reply Nahum septiembre 10, 2016 at 2:23 pm

      Al principio me era imposible comer brocoli al vapor. Lo acompañe con mayonesa casera y por ahi mas o menos lo camuflaba. Con el tiempo, empeze a comer brocoli al vapor con muchas especias de pollo asado. Hoy en dia disfruto mas que nunca el brocoli al vapor sin nada mas 🙂

      Tenemos el paladar atrofiado, y requiere un tiempo recuperarlo. Pero al final merece la pena.

    • Reply Marcos - Fitness Revolucionario septiembre 10, 2016 at 9:44 pm

      Todos tenemos el paladar un poco estropeado en la sociedad moderna, además de que el gusto tiene un componente aprendido. Si de pequeño nunca comiste ciertas verduras es difícil adquirir el gusto de mayor. Pero como dices busca las combinaciones que te funcionen

      • Reply Alba López septiembre 12, 2016 at 7:49 am

        No estoy del todo de acuerdo Marcos. Desde luego hablo de mi caso y no de un estudio, pero sabes que en los estudios hay muchos sesgos y quizá por ahí se pierde la ciencia.
        De pequeña me obligaron a comer judías verdes congeladas de bote en el cole y me estuvieron repugnando durante mis primeros 20 años. Al probarlas directamente del huerto de mi padre, descubrí que tenían sabor… ¡y muy bueno! Ahora no sólo las como en puré, sino solas a la plancha. Sin embargo las más frescas que consigo comrpar por ahí, tengo que engañarlas con jamón o algo.

      • Reply Alba López septiembre 12, 2016 at 9:35 am

        Debo añadir que de pequeña, me quedé sola en casa 2 semanas (con 16 años o así) y mi alimentación recayó en lo que me apetecía (embutido, filetes, pasta, pescado, poca fruta…) De repente y sin venir a cuento me entraron unas ganas imparables de comer verde, así que tuve que descongelar un potaje y seleccionar las judías verdes y la berza para apretármelas pasadas antes por la turmix. Una vez lo hice me sentí muuuy aliviada….

      • Reply Aurelio septiembre 12, 2016 at 10:18 am

        De acuerdo en eso, con dos ejemplos: mi padre apenas comía de nada, porque su madre era muy delicada; cuando se casó probó el pepino por primera vez. Sin embargo, come toda su vida de casado ha comido absolutamente de todo, incluso de visita en China, donde yo vivo, ha probado sabores que no hay en la misma proporción en nuestra cocina (¡y le gustaron!). Eso enlaza con el segundo ejemplo 😉 Aquí he comido una verdura que se llama, literalmente, “amargo” (busca 苦瓜 en el traductor de Google). Y mi reacción ha sido pasar de no querer repetir a decidir comerla por mi propia voluntad, encontrarme comiéndola con el convencimiento de que es bueno para mi salud (me sienta bien).

        Un último apunte, tras dos meses de ayuno intermitente noté que los sabores son más intensos en las comidas, a lo mejor es una forma de recuperar parte del gusto perdido (o a lo mejor es cosa mía…).

        Saludos!

    • Reply Iván Manuel septiembre 10, 2016 at 10:50 pm

      En mi caso, siempre intentaba comer el brócoli cocido y no me gustaba. Hasta que lo probé crudo. Ahora es raro el día que mi ensalada no lleva brócoli.

      • Reply Martín septiembre 11, 2016 at 5:00 am

        Coincido contigo Iván. Yo lo comía hervido y realmente no es el mejor sabor. Ahora me encanta el brócoli crujiente y brillante, poco hecho.

        • Reply Ana septiembre 11, 2016 at 6:31 am

          El brócoli cocido perder mucho en sabor, al vapor se potencia y esta Rico Rico.

      • Reply Alba López septiembre 12, 2016 at 7:53 am

        Lávalo bien o compralo ecológico, por favor, hoy en día el brócoli es de lo que más pesticidas tiene…

      • Reply El Beauty Blog de Eli septiembre 12, 2016 at 8:37 am

        Ostras, ¿y no es muy indigesto así?

    • Reply Raúl septiembre 11, 2016 at 11:38 pm

      Hola Isaac. En mi caso, dejé el azúcar de forma bastante radical al principio y en un mes aproximadamente ya me empalagaba cualquier cosa dulce. Descubrí que había muchos sabores diferentes, porque antes el dulce lo tapaba todo. Tambien empecé a comer cosas que antes me resultaban asquerosas por su sabor amargo y a cogerle el gusto a cosas que no apreciaba antes, sobre todo frutas y verduras (que no sean del súper) y a las infusiones y especias (a granel, no de sobre). Creo que no importa mucho que cambies a la comida real de golpe o paulatinamente, los cambios en tu paladar se irán produciendo en ambos casos, y en tu salud también.

    • Reply Milor diciembre 30, 2016 at 3:59 pm

      Come kimchi y veras que maravilla de sabor. Yo lo preparo en un bote de 5 Kg y tengo casi para un mes. En youtube puedes ver como se hace y es una maravilla.

    • Reply Teresa julio 9, 2017 at 2:38 pm

      Es normal si de pequeño no comías verduras, lo cual también es normal en parte porque los niños son muy sensibles a los sabores y tienden a rechazar los amargos.

      De todos modos, Marcos hizo una entrada sobre las verduras y cómo cocinarlas para que te sepan mejor.

      Personalmente, el brócoli solo no me gusta mucho, pero cocinado al ajillo, en tortilla o con mayonesa (con moderación, y preferiblemente casera), está mucho mejor.

  • Reply Lambda septiembre 10, 2016 at 2:36 pm

    Increíble. No tienes límites. Algún día te darán el premio Nobel de nutrición.
    Aparecerás en los libros de historia.

  • Reply Jose miguel septiembre 10, 2016 at 3:00 pm

    Verdades como puños. Es que no tiene nada que ver lo que cosechan mis padres del huerto con lo que encuentro después en el supermercado. Las manzanas y tomates del huerto son feos y pequeños, pero tienen un sabor que flipas. Ahora sé que también tienen más nutrición. Tus articulos son diferenciales, sigue asi crack.

    • Reply Marcos - Fitness Revolucionario septiembre 11, 2016 at 1:17 pm

      Sin duda, no es solo un tema de variedad o calidad del suelo, también de cómo se madura (en la planta o en una cámara) y del tiempo que pasa entre que se cultiva y se come, que seguramente es menor en el caso del tomate de tu huerto 🙂

  • Reply Jessica septiembre 10, 2016 at 3:55 pm

    Siempre dando en el clavo, siempre tan certero en tus análisis y tan pedagógico en tus planteamientos.
    Leerte verdaderamente es un acto revolucionario.
    Después de cada nuevo artículo siento las ganas irrefrenables de agarrar un megáfono y leérselo al resto del mundo (aunque tengo que conformarme con calentarle la cabeza a mi familia y amigos)
    Gracias

  • Reply Cristina septiembre 10, 2016 at 4:35 pm

    Genial como siempre, Marcos 😉
    Me ha encantado el estudio de los niños, ojalá poco a poco nos vayamos dando cuenta de que la situación todavía se puede cambiar, porque es tristísimo ver cómo se está alimentando a los niños en los últimos tiempos. y cómo estamos cambiando nuestros hábitos de consumo y atrofiando sentidos.
    Como dice Jessica, necesitamos algunos megáfonos para que la gente despierte y vean la importancia de la nutrición, especialmente en cuanto a niños se trate.
    Gracias!!

  • Reply Covi septiembre 10, 2016 at 4:51 pm

    Un artículo realmente interesante una vez más, Marcos. Es pertinente 100% que re-eduquemos nuestros gustos y aprendamos a alimentarnos y nutrirnos, no simplemente a comer. Como bien dices, al eliminar de tu dieta el azúcar, tu percepción del gusto cambia, y aprecias de otra manera toda la gama de sabores tanto amargos como ácidos (lo digo por experiencia, como diabética tipo 1 desde hace 19 años ya). Muy interesante además el trabajo con los niños que elegían libremente su alimentación, tendré que leerlo en profundidad ya que es de lo más curioso!!
    GRACIAS por tus artículos, que siempre nos dan una visión estupenda de estos temas!

  • Reply César septiembre 10, 2016 at 7:22 pm

    Otro increíble artículo.
    Un consejo para reeducar el paladar (no estoy de acuerdo con el poco a poco como recomiendas al final, no resultará), primero tuve que reconocerme adicto al azucar y harinas refinadas entonces luego hice el Two Week Test del Maffeton Method, la limpieza fue brutal y exitosa, la primer fruta que probé luego pensé que le habían puesto azucar y las verduras las hiervo sin sal ni calditos (cubitos) y me parecen muy sabrosas, el chocolate 70% me parece dulce y no tengo ganas de pan. Lo recomiendo recuperé el sabor. Un saludo

    • Reply Marcos - Fitness Revolucionario septiembre 11, 2016 at 2:35 pm

      Gracias por compartir César. Sobre el proceso, hay dos estrategias, y según los especialistas del cambio no está claro cual funciona mejor, y probablemente dependa de la persona:
      1) Cambio gradual, reduciendo dosis poco a poco
      2) Cambio radical, pasando de todo a nada de golpe
      En tu caso funcionó muy bien la estrategia 2, otros tienen mejor resultado con la 1 porque la 2 les intimida. La idea es probar y experimentar, el resultado es más importante que el proceso

  • Reply Agua septiembre 10, 2016 at 8:34 pm

    Genial como siempre. Recuerdo que cuando era niña sentía enormes deseos de comer tiza, que regresaron durante el embarazo, y siempre he creido que, en ambos momentos, era el modo que tenía mi cuerpo de decirme que necesitaba minerales. De hecho, el pediatra al poco me mandó un suplemento llamado calcio 20, y los deseos disminuyeron. Gracias por explicar de un modo tan claro la ciencia que hay tras estos comportamientos, una se siente menos “rara”.

  • Reply Agua septiembre 10, 2016 at 8:46 pm

    Por otra parte, Marcos, se que recomiendas tomar proteina de suero de leche. Es uno de los pocos suplementos que recomiendas, y este se vende con toda clase de sabores, que muchos seguidores paleo usan para hacer, lo que yo llamo, repostería alternativa, dulces más saludables que los que nos venden en el super (internet está plagado de todo tipo de recetas de paleo-cookies, paleo-muffins, etc) ¿Qué opinas de esta práctica? ¿No crees que tomar proteína en forma de dulce puede confundir mas nuestra relación gusto/nutricion?

    • Reply Marcos - Fitness Revolucionario septiembre 11, 2016 at 3:35 pm

      Personalmente prefiero proteína sin sabor, y añadirle sabor con fruta, un poco de miel etc. Dicho esto, tampoco hay que ser dogmáticos. Si tu base de alimentación (90%) es comida real, tu gusto no se va a desajustar por tomar proteína con sabor o un postre de vez en cuando.

  • Reply José Tomás septiembre 11, 2016 at 2:48 am

    Excelente artículo. Me encantó la frase: “Si tu tomate no sabe a nada, probablemente tampoco aporte mucha nutrición. Como indica el estudio, el sabor es un buen indicador de su valor nutricional.” De verdad un gran aporte.

    ¡Saludos y nos seguimos leyendo!

  • Reply Gabriel Salvador septiembre 11, 2016 at 3:32 am

    No se si es coincidencia (que no lo creo) cuando mi sentido del gusto se da cuenta de la carencia de sabor de lo que estoy comiendo, pierdo completamente el apetito, me es imposible comer nada mas en varias horas, me hace sentir saciado a pesar de haber comido una cantidad minúscula, lo mismo pasa con la textura de los alimentos, si no me coincide con la textura que yo creo que ese alimento debería tener (mas bien la que me gusta que tenga) pierdo el apetito. Un buen ejemplo de lo citado anteriormente son los tomates, hace unos años tuve la oportunidad de comer tomates caseros durante una buena temporada, cuando volví a los tomates del super, no me apetecía comerlos, carecían de sabor, no eran dulces, como los caseros. Respecto a la textura, los plátanos y los tomates son un buen ejemplo, cuanto mas maduros están, mas blandos, y mas dulces se vuelven, a mi los plátanos me gustan cuando han perdido completamente el color verde y empiezan a salirle puntitos negros en la cascara, ahí, son dulces pero no demasiado, son duros pero menos que cuando están verdes, con el tomate me pasa lo mismo, puede saber muy dulce, que si esta blando, paso de comerlo, tiene que estar jugoso y a la vez terso, que la carne del tomate tenga consistencia.

    • Reply Raul septiembre 11, 2016 at 5:31 am

      En el tema de los tomates, que siempre se pone como ejemplo, también tiene mucho que ver que un consumidor no está dispuesto a pagar mucho más por unos tomates mejores. Como comenta Marcos en el artículo, hay una relación inversa entre rendimiento y nutrición. ¿Hay variedades de tomates mejores, con más sabor y calidad? Sí, las hay. Pero el costo para el agricultor por hectárea es parecido, y producen muchos menos kg de tomates. Por tanto, se tienen que vender a un precio más alto, y el consumidor muchas veces no está dispuesto a pagarlo.

      Así por ejemplo, si un agricultor quiere producir variedades de tomate tradicionales, de alta calidad o ecológicos. Pero esas variedades producen un 25% de lo que producen las variedades modernas “de supermercado”. Y como no puede venderlos 4 veces más caros, porque nadie los compra, acaba perdiendo dinero.

      En fin, que es un tema complejo, y tiene poco que ver con conspiraciones para que comamos peor, y sí mucho que ver con las elecciones que hacemos como consumidores.

      • Reply Alba López septiembre 12, 2016 at 8:35 am

        Yo no sé con qué tiene que ver, pero a mi padre no le salen solos. Los cría él. Los planta, los riega y los abona. O sea, no son “salvajes” y aún así, saben a lo que tienen que saber.
        Por otro lado estoy de acuerdo contigo en lo del rendimiento. En un mercado vi una vez fresas ecológicas (ojo, no fresón) a 10€/Kg (para los del otro lado del charco, el precio normal son 3-5). Vi a mucha gente que las probaba, pero a pocos comprarlas. Es una pena, auque pienso que si todo el mundo criara fresas así, no costarían tanto. Quizá no 2€/kg, pero 7 u 8 sí estaría dispuesto a pagar…

  • Reply Raul septiembre 11, 2016 at 5:35 am

    Interesante artículo Marcos. Me llama la atención lo que dices de la relación entre obesidad y deficiencia de micronutrientes. ¿Implica eso que los complementos nutricionales podrían ayudar a combatir la obesidad, al disminuir la necesidad del organismo de comer para conseguir micronutrientes?

    • Reply Marcos - Fitness Revolucionario septiembre 11, 2016 at 7:29 pm

      Hay bastantes estudios en esta línea con distintos nutrientes y es así. Pero tampoco es la solución, porque no es fácil saber dónde está la deficiencia, qué dosis es la necesaria etc. Y como dices ayuda, pero no es que de repente pierdan todo el peso, y es mucho mejor ingerir los nutrientes a través de un cambio en la alimentación, lo otro es un parche (pero que según los estudios es mejor que nada)

  • Reply Aldara septiembre 11, 2016 at 2:58 pm

    El año pasado comiendo en el pueblo de mi marido de pronto lancé un grito al aire y dije: pero de donde ha salido este tomate??? Mi suegra me miró raro y me preguntó, por qué? y yo respondí, PORQUE SABE A TOMATE!! ESTÁ BUENÍSIMO!! Me dijo que era de una vecina. Si pudiera conservarlo me habría llevado la cosecha entera costase lo que costase, madre mía, en mi vida comí un tomate más rico que aquel.

  • Reply Maria septiembre 11, 2016 at 3:51 pm

    Hola Marcos! Como siempre, genial articulo.
    Desde que mi padre se hizo con un pequeño huerto y unas gallinas, me he dado cuenta de que realmente no había sentido el verdadero sabor de la comida nunca. La verdad es que no tiene nada que ver la comida cosechada en un cachito de parcela particular (teniendo en cuenta que la tierra de donde vivo no es la mejor) con la del super, y si tienes que comprar comida un poco más “natural”, por llamarla de alguna forma, ¡es carísima!
    Tener un huerto da mucha vida, pero el trabajo que conlleva a veces es incompatible con la vida cotidiana. Nos hemos alejado mucho de nuestros orígenes y este es uno de los precios a pagar.
    Hasta la próxima!

  • Reply Carlos Martín septiembre 11, 2016 at 4:20 pm

    Marcos! Cuanto aprendemos contigo! Gracias

  • Reply Rafa septiembre 11, 2016 at 5:26 pm

    Hola Marcos,

    gracias por tus artículos y tu blog. Hace un par de años que te descubrí y no he parado de leerte.

    Solo una pregunta referente al sabor: empecé a tomar maca por todos los beneficios que se le suponen. Compré la más natural que encontré y que más confianza me inspiró, pero cuando abrí el paquete olía a rayos. Y cuando la probé, sabía a RAYOS Y TRUENOS. Significa eso que no es un buen alimento? Cómo congenia esto con lo que dices del sabor y fiarnos de nuestro gusto? Es quizás una falta de costumbre?

    Si puedes responder, gracias. Si no, gracias igualmente.
    Saludos.

  • Reply Nicoletta septiembre 11, 2016 at 5:27 pm

    Excelente resumen Marcos… realmente eres excelente resumiendo y escribiendo de manera de captar nuestra atención y hacernos pensar en temas nutricionales importantes.
    100% de acuerdo con la información!! Que rica era la comida antes, ahora yo vivo en el sur de Chile y no en la capital y acá me he reencontrado con esos sabores… ahora no puedo comer un huevo capitalino y considero casi plásticas las manzanas de supermercado, que por lo demás pueden quedar dos semanas en la frutera y siguen pareciendo frescas… nada como la naturaleza y lo real… duele pensar que nos hemos alejado tanto de ella!!

    Namaste Marcos!!

  • Reply Lucía Z septiembre 11, 2016 at 5:38 pm

    Hola Marcos,

    en primer lugar gracias y enhorabuena por tu trabajo de investigación y divulgación, sobre todo en un tema tan importante como la nutrición, tan maltratada en estos tiempos.

    Quería hacerte unas preguntas con respecto a la recomendación que haces de ingerir alimentos de mayor calidad (o mayor densidad nutricional). Realmente en los supermercados no abundan este tipo de opciones, ni en la sección de fruta y verdura ni en alimentos de origen animal, entonces creo que es complicado conseguirlos. ¿Recomendarías comprar alimentos ecológicos? ¿Es verdad que tienen mayor densidad nutricional o es un nuevo producto de marketing?

    Un saludo 🙂

  • Reply Ariel septiembre 11, 2016 at 6:33 pm

    Me gusta que hayas empezado a entrelazar FR y VR entre sí en los artículos. Un abrazo Marcos!

  • Reply Vicalo septiembre 11, 2016 at 7:34 pm

    Es interesante tu articulo, yo ya había intuido algo parecido, cuando oyes a la gente decir “este jamón no sabe como antes” o “estos tomates no saben a nada”………………… a mi mismo me pasa, aunque haya programado una comida, al abrir la nevera el cuerpo me pide otra que no es la que había programado. Dicho esto habría que desarrollar mas el aspecto de quien estamos hablando cuando decimos comer bien, es decir ingerir los nutrientes necesarios para reponer fuerzas. ¿Se esta buscando una solución para los países desarrollados, incluso dentro de ellos a una élite consciente de porquería en la que se a transformado los alimentos que ponen a nuestra disposición de nuestros bolsillos? ¿o de alimentar correctamente a 7000 millones de habitantes, población existente en la Tierra? Contestar a estas preguntas nos permitiría, desestimar los dogmas y planear mas sobre, lo necesario para disfrutar de una buena nutrición y lo posible. Intuyo que en un sistema que su dios es el beneficio, tenemos una ardua y difícil tarea por delante.

  • Reply Ruben septiembre 11, 2016 at 8:03 pm

    Que opinas de la avena micronizada de sabores? https://www.masmusculo.com/es/max-protein/harina-de-avena-usa-flavors-3kg-6618.html#/sabor-galletas_oreo tipo esta

  • Reply Miguel septiembre 11, 2016 at 8:57 pm

    El sabor de lo producido, tan diferente a casi cualquier cosa del súper, siempre ha sido razón suficiente para esforzarnos nuestro pequeño huerto familiar.

    Muchas gracias por este artículo!!! Me ha hecho sentir fenomenal!!

  • Reply Daniela Grass septiembre 12, 2016 at 12:39 am

    Yo creo que diste con la pregunta del
    Millon de dolares, es algo que con mis hijos (8 y 11 años) en la busqueda de comer mas sano siempre comentan, porque lo rico te hace mal y lo sano es muy aburrido de comer, aun cuando encontramos alguna combinacion buena de fruta o verdura, nunca la sentimos lo suficientemete rica como el equivalente en chatarra, de lunes a viernes comemos eso, pero fin de semana ya no queremos mas y en el fondo estamos todos esperando poder comer aunque sea, una vez, algo basura.
    tampoco no tengo el recuerdo tengo 42años
    de ningun alimento no procesado que me hayan dado cuando niña, que fuera realmente mas rico que el actual y que de verdad lo añore.
    Reconozco que mi paladar esta absolutamente estropeado y que mi relacion con la comida esta en
    Cualquier lugar, menos en el adecuado, me es imposible dejar los endulzantes, solo la fruta me parece realmente dulce, la de mi pais es realmente dulce, pero las verduras son insoportables, las como por obligación, no les encuentro gusto a nada y nunca nunca he tenido antojo de ellas. La verdad es que ando calculando la fibra para comer verduras porque si no se me olvidan y me sirvo bien poco la verdad, aliñarlas es un suplicio, porque para no agregar tanta grasa no encuentro que poner y si queda bien, al final es mas aliño que verdura.
    Si siento la necesidad de comer algo asi como describes en tu articulo, es comida chatarra algo que atiborre y maree mi paladar … todo mal… lo se… No se si pueda ser posible reeducar el paladar cuando uno sueña con una pizza de cadena americana y no basta la que uno hace en la casa porque no queda igual.

    Gracias por tu trabajo, Marcos , tu aporte es inmenso.

    • Reply Alba López septiembre 12, 2016 at 9:28 am

      Yo sigo añorando unas magdalenas que comía en alemania, pero eran francesas, y cuando de mayor vi la lista de ingredientes, ¡atiza!: llevaban aceite de colza!!!
      ¿Será que mi cuerpo quiere basura? La verdad que en cuanto a este capricho que me empacho una vez cada 4 años…¡bienveindo sea!

  • Reply Sara septiembre 12, 2016 at 7:49 am

    Genial artículo!!! Y no puedo estar más de acuerdo!
    Hace poco tuve una infección (que no sabía que tenía) en las vías linfáticas. Me daba un ansia tremendo por el pepino y la zanahoria, estuve una semana que no sabía porqué me apetecía a todas horas, y muchísima sed, bebí el triple que habitualmente… y mira tu por donde cuando ya estaba curada a través de unos análisis vieron que la había pasado y me enteré que según la medicina tradicional adivina lo que te sugieren: mucho agua, zanahoria y pepino. Yo no lo sabía, pero mi cuerpo si! Cada vez me sorprendo más de la maravilloso y perfecto que es!

  • Reply Rubén septiembre 12, 2016 at 8:00 am

    Un artículo, como casi siempre, que se convierte en referencia sobre el tema tratado y que anima a compartirlo y divulgarlo entre amigos y familia. Mis amigos ya me tienen como un friki cada vez que les comparto tus artículos, pero… es por su salud!! =P

    Me he sentido muy identificado con este artículo porque llevo una lucha interior últimamente con los ‘modernos’ menús infantiles en los restaurantes, que se reducen a patatas, hamburguesa, nuggets de pollo o pizza… de ahí no salen, sea cual sea el tipo de restaurante.
    Justo en la generación donde más esfuerzos habría que hacer para rehabilitar el paladar, es donde más deterioro están provocando, por la tan buscada, y dañina, comodidad. Los restaurantes se están convirtiendo en un agujero negro de buenos hábitos para los niños, más por las decisiones de los clientes que por convicciones del local.

  • Reply Sergio septiembre 12, 2016 at 12:05 pm

    Que pedazo de artículo Marcos, gracias!! Como bien decís, es posible reeducar el paladar, yo lo logré. Te mando un gran abrazo desde Argentina.

  • Reply Jose Antonio septiembre 12, 2016 at 12:21 pm

    Buenas Marcos! Buenísimo artículo, como siempre. Me encanta la forma en la que explicas todo y lo que logras transmitir. Enhorabuena por la gran labor que estas llevando a cabo. Por cierto, quería preguntarte algo: el correo [email protected] es al que se te puede constultar? Es que el día 10 de este mes te envíe un correo porque me gustaría que me eches una mano a la hora de interpetar los resultados de un análisis de sangre reciente. En el correo lo explico todo. Espero respuesta, seguro que me puedes ayudar. Muchas gracias y sigue asi! Un saludo

  • Reply Angel septiembre 12, 2016 at 12:49 pm

    Felicidades Marcos, excelente artículo
    Como siempre muy atinado, solo agregaría como recomendación intentar hacer huerto familiar.
    Saludos

  • Reply Óscar Alcaraz septiembre 12, 2016 at 2:24 pm

    Fantástico Marcos, gran artículo!.
    A mí lo que no me cuadra es el sabor del hígado… Un superalimento cargado de nutrientes pero con un sabor digamos “difícil”. Yo lo como porque sé que es bueno (y de animales criados con pasto), pero no me parece que tenga un sabor agradable. Y llevo muchos años comiendo comida real… Además le pasa a mucha gente. ¿Cómo explicaríamos aquí la relación sabor-nutricion?.

  • Reply José Carlos Bragado septiembre 13, 2016 at 9:52 am

    Interesante artículo, felicidades. Lo cierto es que cada vez es más difícil alimentarse de forma sana, pero siempre se puede uno aproximar. Desde hace unos meses tenemos la suerte de alquilar un terreno donde tenemos gallinas y un huertito. No os imagináis lo placentero que es en todos los aspectos, nutricionales y piscológicos, en definitiva vida real.

  • Reply Melina Viera septiembre 13, 2016 at 2:06 pm

    Muy buen artículo! La rehabilitación del paladar, la educación del gusto, el desafío para grandes y niños.

  • Reply Jorge Letona septiembre 13, 2016 at 7:11 pm

    Como siempre con muy buenos artículos. Mira siempre he pensado que “Hay que comer para vivir y no vivir para comer”. Y creo que esto es lo que han causado con todo este pánico de cuando se acaben los alimentos y demás.
    Tengo actualmente 50 años de edad y me siento aún con mucha vitalidad, trabajo con el deporte desde hace 27 años y practico actividades deportivas desde los 12 y no paro…. Desde los 14 tomé conciencia sobre la alimentación y la medicación (dentro de mis posibilidades en ese momento, claro está) y al pasar el tiempo me fui enterando de muchas cosas escondidas dentro de lo que yo creía saludable. En fin he confiado un tanto en mis instintos y lo aprendido. Creo firmemente en el balance físico, emocional, cognitivo y alimentario.
    Me encantó tu artículo, muy profesional.
    Saludos,

  • Reply Leandro septiembre 13, 2016 at 9:39 pm

    Pregunta. Si saco todos los alimentos procesados ¿es posible cortar a grasa? No estoy gordo pero me gustaría bajar un poco el porcentaje (creo que con un 5% estaría bastante bien). Pregunt porque me cuesta hacer una dieta baja en carbohidratos. Me gusta comer papas, arroz, bananas, fruta. Comer casi siempre proteína y ensalada me aburre.

    • Reply Leandro septiembre 13, 2016 at 9:43 pm

      Hablo por supuesto de comer lo que quiera y sin medir las cantidades, tal como explicas en este artículo.

  • Reply Geosmina septiembre 14, 2016 at 3:56 pm

    Genial Marcos!
    Aunque con sus limitaciones, super interesante el artículo de los niños, y también el comportamiento animal en función de sus necesidades.
    Respecto a los tomates…cuánto hace que los tomates no me saben a lo que yo espero que sepan 🙁 y mira que busco y busco en diferentes sitios, ecológicos, de payés, km0….pero nada, todos los cogen verdes y saben a corcho.
    Totalmente de acuerdo en el entreno del paladar. Hace ya unos años que me alimento >95% de comida real y el cacao 100% me lo como que me sabe a gloria, una ensaladilla rusa (verdura cocida…ya ves tu) es el mejor de los manjares, un pollo al horno con orégano me vuelve loca…. Disfruto más comiendo estas cosas que otros comiéndose un crusán, y encima sin sus remordimientos, jiji!!
    Un abrazo y gracias por tu trabajo

  • Reply Diandra Aracena septiembre 14, 2016 at 9:06 pm

    Me encantó este artículo,ahora que soy madre de un bebé de 1 año, me cuestiono todo lo que preparo y lo que le doy a el.
    Gracias por hacer este trabajo.

  • Reply Fede septiembre 14, 2016 at 10:14 pm

    Muy buena nota Marcos!

  • Reply Jeni septiembre 15, 2016 at 11:45 pm

    Es cierto aquello de que pierden el sabor si se ven mas bonitos. Hace tiempo compre unos tomates, lindos y perfectos pero no sabian a nada. Los pequeños y trsites a veces tienen mas sabor y eso es solo con el tomate. Aunque me pregunto a veces si a pesar de que logremos tener nuestro propio huerto las semillas que usemos qué tan modificadas estarán? Entonces ahí volvemos a lo mismo, qué estamos comiendo. Te comento, no por hacer eco de la situación, pero como en Venezuela ha escaseado la azucar muchas personas han bajado de peso, y tampoco es que tengan que comer menos (tienen cierta capacidad monetaria), incluso la pasta, arroz o harina de maiz, de trigo se consiguen menos y entonces tenemos que sustituirla a veces por otros carbohidratos como verduras. Algunos se quejan mucho pero yo lo veo como una prueba de lo que engorda por ejemplo, el azucar. Claro, se dice que hay casos ya de desnutricicñon y otros que solo consumen pastas, arroz y harina de maiz pues las carnes están caras, pero entre quienes aun podemos pagar un poco de todo, nos damos cuenta del bajon de peso.

  • Reply Pablo septiembre 18, 2016 at 11:35 am

    Muy interesante. Dos preguntas me sugiere este post:
    1. ¿Deberíamos entonces dejar a los niños que libremente elijan ellos lo que quieren comer, una vez tengan ya cierta autonomía?
    2. Si un adulto deja de comer comida procesada ¿puede comer lo que le apetezca en cada momento sin pensar en macros, calorías, nutrientes…?

  • Reply Noe septiembre 18, 2016 at 2:03 pm

    Hola, te sigo desde hace unos meses y he leído alguno que otro de tus artículos, muy completos interesantes.
    Con tu permiso, lo comparto en el facebook/twitter de mi web 🙂

    Gracias por dar a conocer un poco más sobre las grandes mentiras de la industria alimentaria.

    Por cierto, yo también vivo en Barcelona, espero que nos conozcamos algún día. A veces no es sencillo encontrar a gente con esta visión de la “vida saludable”.

    Saludos!!

  • Reply david septiembre 21, 2016 at 9:55 am

    Completamente de acuerdo. Cualquiera puede comprobar la diferencia entre un tomate comprado en el mercado local y un tomate de superficie comercial. El primero por lo menos tiene algo de sabor pero el de superficie comercial no sabe a nada. Se ha perdido la frescura de los alimentos por razones meramente comerciales

  • Reply Ruben septiembre 21, 2016 at 11:46 am

    Las abuelas siempre con tanta razón. La mia : dale al cuerpo lo que el cuerpo te pida. Desde que me dejo llevar. como alimentos que nunca me habian gustado, verduras sobre todo.

  • Reply Encías GUM octubre 4, 2016 at 9:20 am

    Muy buen artículo! Los productos procesados han ganado terreno en nuestra dieta, sobretodo los que contienen un nivel elevado de azúcar.
    Por este motivo, una de las zonas más afectadas de nuestro organismo es la boca. La salud bucodental se ha visto gravemente perjudicada a medida que se han incluido en nuestras dietas productos de este tipo, sobretodo los problemas se han multiplicado para aquellas personas que sufren de diabetes.
    Por si os puede interesar también, en nuestro blog explicamos los principales problemas que acarrea una mala higiene bucodental a los pacientes diabéticos.

    http://enciasgum.es/controla-tu-diabetes-cuidando-tus-encias/

  • Reply Adrian octubre 6, 2016 at 1:52 pm

    El poco sabor de los tomates está relacionado con la recolecta por tener que recogerlos antes de su punto de maduración óptimo limitando así que genere la fructosa necesaria para que tenga intensidad el sabor. Se hace así para que lleguen a los supermercados en condiciones optimas, madurando en camaras de gas. Claro está, esta maduración no permite que coja el mismo sabor que una proceso de maduración en su medio natural. También depende de las variedades de tomates, por supuesto.

    En cuanto al artículo no encuentro mucha relación entre el sabor y los nutrientes necesarios, aunque si que estoy de acuerdo en que el cuerpo a veces te pide determinados nutrientes y por ello te apetecen más unas cosas y otras (lo del estudio de los niños o de los animales), pero en cualquier caso no creo que esté relacionado con el sabor.

  • Reply Maria octubre 17, 2016 at 7:46 pm

    Los descrito en este articulo es exactamente lo que he experimentado con algunas frutas y los lácteos desde que los sustituí por su versión mas silvestre, desde que me acostumbre a consumir leche sin pasteurizar, recién ordeñada sentí que conocí el cielo, es como volver a la infancia, y ahora, la leche que venden en los supermercados, o la leche en polvo batida me sabe a agua extraña, y ni hablar de los yogures o quesos… Y las frutas cultivadas en casa bueno… los cocos y naranjas mas dulces solo los he comido gracias al patio trasero

  • Reply Maria noviembre 29, 2016 at 11:17 pm

    Excelente articulo Marco…..gracias por compartirlo…yo llevo unos 3 años sembrando en mi azotea en macetas…lechugas,brocoli.zanahorias.y todo lo que voy pudiendo..por lo que todos los dias como verduras cosechadas por mi…ademas de que son mas frescas y limpias es un pasatiempo precioso…se los recomiendo!!!

  • Reply Teresa enero 7, 2017 at 6:16 pm

    Estoy muy de acuerdo.
    Recuerdo que en mi recuperación por un TCA (anorexia leve), me dijeron que no tomase productos light y edulcorantes, y pensé “¡Dios mío, me quieren engordar!”. Dos años después, me di cuenta de por qué. Ahora trato de rehabilitar mi paladar, es más cómodo comer Paleo y dejar que el propio cuerpo se regule que comer cosas light y contar calorías todo el tiempo (sobre todo porque en la vida real no puedes pesar la comida que te preparan).

  • Reply Teresa mayo 9, 2017 at 7:05 pm

    Comento otra vez (es inevitable en un artículo tan genial).
    Me he aficionado a cocinar, me encanta asar verduras y sólo echarles aceite y sal para cocinarlas, y en el resto de cosas, especias. Me encanta echarle canela a la fruta o las gachas, o vainilla. Y el orégano con tomate o queso, Dios mío, qué cosa más rica.
    Las especias son los saborizantes de la naturaleza. Y una cosa que reflexioné hace no mucho: en la naturaleza, el dulzor tiene sabor (y no sólo dulzor). Es decir, que aunque es mejor edulcorar con polialcoholes que con sacarina o azúcar blanca (por mucho que ésta esté en la naturaleza), éstos no están en esa forma en la naturaleza. Claro que yo a veces endulzo con eritritol + glicósidos de esteviol (lo que nos venden como Stevia), pero en mi casa prefiero utilizar la Stevia de verdad (da dulzor con un regustillo amargo), miel, o azúcar moreno (menos).

  • Reply Zeuz julio 28, 2017 at 2:21 pm

    Yo cuando sentía que me iba a enfermar comia cebolla y pimienta negra molida.

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